L A M U S I C A
“Aire sonoro que lo dice todo y nada al mismo tiempo”
Feruccio Busoni
Por: Julián Andrés Jiménez
Cada vez siento mayor el compromiso formal que exige el hecho de conocer y servir a la música. Al principio era una alegría infantil que se desparramaba con un objeto o instrumento de cualquier índole en el cual la satisfacción era evidente con cualquier sonido. Luego, cuando logré que una flauta sonara melódicamente o cuando un acorde de guitarra sucediera a otros limpiamente, realmente fueron momentos de verdadera alegría. No sabía en lo que me había metido. Ignoraba el terreno en el que estaba. Pero estoy seguro que fue mejor así. Luego llegó el canto y con el canto, la sensación de encontrar en mí mismo el instrumento perfecto. En adelante esa alegría cambiaria de carácter y así fue. Hoy estudio la música mas no un simple instrumento y eso claramente me pone frente a un universo en el cual debo entrar, vivir, moverme y tratar de comprender.
Daniel Baremboin, director muy afamado argentino y del mundo, acaba de compartir conmigo sus posturas frente al hecho de vivir en la música en un artículo denominado “Sonido y pensamiento”. Y lo primero que entiendo es precisamente lo que implica “vivir” la música. No se puede solamente “estudiarla”, es insuficiente. Ahora entiendo porque cuando interpreto mi guitarra y la técnica esta a mi servicio, la sensación es de otra índole. Cuando doy vida a los sonidos y cada uno adquiere un valor en el tiempo y en la vida. No lo había pensado pero soy el dueño y señor de la virtud de cada uno de los sonidos, dependen de mí, mueren si ese es mi deseo. Eso me eleva a otro plano como si la música ya no fuera un acto terrenal sino de aspectos metafísicos.
Le agradezco que me haya preguntado ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Con que propósito? Debo tocar un pasaje con la intensidad que corresponda a lo escrito por el compositor pero también a lo que el pasaje mismo dice en su discurso melódico, entendiendo así su carácter y su significado. En adelante será relativo a mi sensibilidad cumplir con el tempo que marcado. Porque ahí está el detalle, sentir lo que se interpreta, vivir lo que suena y finalmente expresar lo que no existe.
Hasta hoy había escuchado sobre las “tensiones” armónicas entre los acordes como unos puentes para resolver una frase musical y como tal lo había entendido, pero no había comprendido que las tensiones son una ley en el arte que generan dramatismo al igual que en el teatro y que son necesarias y que si se comprenden ya no serán simples puentes sino grandes oportunidades de vida de la belleza. Lo fundamental en el teatro es el conflicto y quizás en la música es el mismo camino. Pero ¿Cómo generar ese constante conflicto? ¿Cómo apreciar las oportunidades que la música brinda? Esa debe ser mi preocupación en adelante.
Siempre pensé que la actividad musical era positiva para cualquier persona independientemente de si su interés es la formación musical o no. Pero la verdad es que si la cotidianidad hay que enfrentarla con pasión, con libertad, con disciplina y con orden, eso es exactamente lo que te enseña cualquier frase musical de la canción más simple. Y lo mejor es que te despierta la sensación de ser bendecido por los sonidos.
Aseguro que mi alegría con la música es mayor pero mi preocupación también. Aspiro a vivir creciendo en la música.
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