martes, 30 de noviembre de 2010

LA MUSICA TEATRAL

A la música en escena le voy a llamar “Música Teatral”. Primero que todo, debo decir que la música es una hermanita muy apreciada y cuidada por el teatro popular pues se embellecen el uno a otro. La “Música Teatral” no es una práctica que banaliza la música y ni siquiera que la pone en un segundo plano, no, hace que adquiera un carácter concreto en una situación o circunstancias dadas en la escena.
En un taller de mascaras, el maestro Orlando Cajamarca siempre iniciaba las sesiones como en un ritual, luces apagadas, algunas veces palo santo quemado y música. Él asociaba el escenario como un estanque y la música como el agua. Los movimientos que hacíamos en la oscuridad despertaban la espina dorsal en toda la espalda y la reiteración constante era “escuchar” la música. Pasados varios minutos la sensación era loquísima. El maestro narraba cómo nosotros éramos algas marinas. Y lo éramos, al menos yo me lo creía y así lo sentía. Y en la narración, el agua se hacía más densa y hacia que el movimiento se transformara; y el agua era más caliente y el movimiento cambiaba.
Traigo esta experiencia porque aquí era fundamental “escuchar” la música y adentrarse en sus entrañas para transformarla en agua y así oír también con la imaginación, con la inteligencia activa.
Esta sensación es muy similar cuando se actúa. Actor o actriz que obvie la música que “oye”, evidentemente su actuación tendrá menos peso y la música no tendrá sentido. Pero cuando se actúa con la música, te lleva de los pelos y generalmente envuelve tus acciones y aparece lo “Teatral” - mineral escaso- y seguramente la belleza. Hay escenas que dependen totalmente de la música y eso no se puede improvisar.
En la preparación de un montaje teatral, siempre está presente la preocupación musical. En la selección dependen muchos criterios: la época de la obra, el carácter de la obra, el autor de la obra, la interpretación de la música seleccionada, las situaciones de la obra etc. Pero lo fundamental es crear ambientes donde el espectador escuche activamente y le ayude a asociar lo que ve con situaciones similares, a imaginar y completar lo que la ficción del escenario le ha propuesto. Por lo tanto la música en escena no es secundaria porque cuando actúa, transforma el escenario de espacio escénico a espacio dramático.



Opciones para la “Música Teatral”

La primera que reconozco es la música ambiental pregrabada. Depende totalmente de aparatos electrónicos que son ajenos al personaje, un técnico también actúa desde su cabina de sonido. Si la música no “entra” a escena a tiempo genera dispersión en la mente del actor o actriz y podrían aparecer lo que llamamos baches escénicos. Sin embargo, estos baches solo los conoce el director, los actores y el técnico por lo tanto es un reto para la inteligencia del actor hacer que el público lo obvie. Esta opción es muy bella cuando lo que escuchamos tiene el color de la situación. Encontrarlas se complica cuando el afán de encontrarla se pone por encima al disfrute de escuchar. La habilidad de reconocer colores y ambientes escénicos en una obra musical debe entrenarse constantemente y de lo que se trata es de “escuchar” siempre e imaginar que podría ocurrir en lo que se escucha.
Sonidos incidentales. En la selección de piezas musicales del repertorio universal también existe la oportunidad de seleccionar o crear una serie de sonidos que apoyen textos hablados, como si en el papel se subrayaran con rojo. Es así como golpes de puertas, disparos, golpes de espadas, ruidos de grillos, pájaros etc. aparecen en escena y completan la imagen visual.
La canción pregrabada o pista. Cuando se canta en el escenario hay varias opciones para hacerlo, una es con una pista. Por motivos de impuestos, lo mejor es crear sus propias letras y contratar un músico, ojala con algo de experiencia teatral, para que componga la música. La composición no ha de ser libre del todo. El compositor debe tener en cuenta que el actor o actriz no son cantantes profesionales. Por lo tanto la pieza musical ha de ser relativamente “fácil” para la comprensión del actor o actriz y el acompañamiento dependerá del carácter de la obra. Si la obra teatral tiene como finalidad el público infantil, la canción tiene como objetivo que los niños y niñas se la aprendan casi que de inmediato . Así la melodía ha de ser muy clara y el acompañamiento armónico elemental sin querer decir que lo elemental es menos o tonto. Si la obra es dramática y para público mayor, se puede explorar un poco más en lo musical pero siempre teniendo en cuenta que el “show” es completo y no se lo puede robar del todo la música.
Cuando en el elenco no se cuenta con un actor a actriz que cante, existe la opción de hacer lo que en nuestra región le llamamos “fono-mímica”, aquí la canción ha sido pregrabada con la voz de un cantante y el actor o la actriz harán mímica durante la misma. Esta opción es muy buena cuando los escenarios no son los más apropiados para el hecho teatral, lugares como coliseos, canchas de futbol, salas de cine etc. Son lugares muy comunes en el teatro popular.
La canción interpretada con instrumentos al vivo. Si el grupo cuenta con solidez económica, se pueden contratar músicos profesionales, mostrarles las escenas y seguramente en unos ensayos la música esta lista, pero la mejor inversión es contratar un profesor de instrumentos y otro de canto y entrenar a los actores y actrices para que ellos mismos resuelvan el asunto. Cualquier opción que se escoja es exigente, esta es quizás la más agradecida por el público porque recibe un espectáculo con una dosis fuerte teatro y música y siente que los actores que están allí han hecho un esfuerzo realmente grande. Si así ocurre, el grupo ya cuenta con elenco musical, valor agregado para lo que se venga. De la obra que se escoja, dependen así mismo los instrumentos y el estilo de las canciones a montar. Los actores o actrices-intérpretes han de estar conectados tanto de sus instrumentos como de lo que ocurre en escena. No se está solamente tocando una canción, se está actuando con personajes, luces, otros intérpretes y todo para construir una experiencia teatral completa.

domingo, 24 de octubre de 2010

Ensayo basado en el documento “Sonido y Pensamiento” de Daniel Baremboin.

L A M U S I C A
“Aire sonoro que lo dice todo y nada al mismo tiempo”
Feruccio Busoni

Por: Julián Andrés Jiménez


Cada vez siento mayor el compromiso formal que exige el hecho de conocer y servir a la música. Al principio era una alegría infantil que se desparramaba con un objeto o instrumento de cualquier índole en el cual la satisfacción era evidente con cualquier sonido. Luego, cuando logré que una flauta sonara melódicamente o cuando un acorde de guitarra sucediera a otros limpiamente, realmente fueron momentos de verdadera alegría. No sabía en lo que me había metido. Ignoraba el terreno en el que estaba. Pero estoy seguro que fue mejor así. Luego llegó el canto y con el canto, la sensación de encontrar en mí mismo el instrumento perfecto. En adelante esa alegría cambiaria de carácter y así fue. Hoy estudio la música mas no un simple instrumento y eso claramente me pone frente a un universo en el cual debo entrar, vivir, moverme y tratar de comprender.
Daniel Baremboin, director muy afamado argentino y del mundo, acaba de compartir conmigo sus posturas frente al hecho de vivir en la música en un artículo denominado “Sonido y pensamiento”. Y lo primero que entiendo es precisamente lo que implica “vivir” la música. No se puede solamente “estudiarla”, es insuficiente. Ahora entiendo porque cuando interpreto mi guitarra y la técnica esta a mi servicio, la sensación es de otra índole. Cuando doy vida a los sonidos y cada uno adquiere un valor en el tiempo y en la vida. No lo había pensado pero soy el dueño y señor de la virtud de cada uno de los sonidos, dependen de mí, mueren si ese es mi deseo. Eso me eleva a otro plano como si la música ya no fuera un acto terrenal sino de aspectos metafísicos.
Le agradezco que me haya preguntado ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Con que propósito? Debo tocar un pasaje con la intensidad que corresponda a lo escrito por el compositor pero también a lo que el pasaje mismo dice en su discurso melódico, entendiendo así su carácter y su significado. En adelante será relativo a mi sensibilidad cumplir con el tempo que marcado. Porque ahí está el detalle, sentir lo que se interpreta, vivir lo que suena y finalmente expresar lo que no existe.
Hasta hoy había escuchado sobre las “tensiones” armónicas entre los acordes como unos puentes para resolver una frase musical y como tal lo había entendido, pero no había comprendido que las tensiones son una ley en el arte que generan dramatismo al igual que en el teatro y que son necesarias y que si se comprenden ya no serán simples puentes sino grandes oportunidades de vida de la belleza. Lo fundamental en el teatro es el conflicto y quizás en la música es el mismo camino. Pero ¿Cómo generar ese constante conflicto? ¿Cómo apreciar las oportunidades que la música brinda? Esa debe ser mi preocupación en adelante.
Siempre pensé que la actividad musical era positiva para cualquier persona independientemente de si su interés es la formación musical o no. Pero la verdad es que si la cotidianidad hay que enfrentarla con pasión, con libertad, con disciplina y con orden, eso es exactamente lo que te enseña cualquier frase musical de la canción más simple. Y lo mejor es que te despierta la sensación de ser bendecido por los sonidos.
Aseguro que mi alegría con la música es mayor pero mi preocupación también. Aspiro a vivir creciendo en la música.

Un espectador con prisa es un enemigo para el Teatro.

Por: Julián Andrés Jiménez
Animador Instructor
Ñucanchic Teatro

Confirmado. Un espectador con prisa es un enemigo para el teatro y eso nos ocurrió en la primera de las 2 funciones durante el circuito de teatro foro “jóvenes actuando derechos por la paz”. Actividad que, para resumir, constaba de la realización de dos talleres de sensibilización teatral y una jornada de teatro foro en cada una de las localidades donde operan los Grupos Teatrales de Base de la Red Popular de Teatro.
Nuestro turno fue en el colegio Simón Bolívar en la cabecera municipal de la Cumbre, donde el taller lo recibieron alumnos del grado 7° y la función la hicimos para estudiantes de grados 7° a 9°. Durante la presentación, el público era una mezcla de jóvenes que llegaban ó con el afán de abandonar el colegio y regresar a sus casas ó por la obligación de hacerlo y aquellos que, previo a la función, recibieron el taller y disfrutaron la función con el mayor respeto.
Durante el circuito, fuimos invitados a la jornada del municipio de Dagua, allí nos presentamos en la casa de la cultura para público general. En ambas partes presentamos “La Misión del Colibrí”, un montaje de cuentería teatral con música al vivo. Cada uno de los integrantes de la obra ha escrito una pequeña reflexión y yo como instructor he transcrito algunos apartes para ustedes.


“Me sentí muy bien cuando salude a muchos amigos y me dio gusto de volverlos a ver. Lo que no me gusto fue el público porque algunos alumnos eran muy juguetones pero los que estuvieron en el taller sí aceptaron la obra. Me gusto mucho lo que presentaron los amigos de Dagua porque tratan un tema que a cualquier muchacho le puede pasar”.
Soui Garavto
10 años
“Fue muy maluco presentarme delante de un público que se burlaba por el texto que decían algunos de mis compañeros y era muy pesada la forma en que se burlaban. En Dagua sí me gustó presentarme pues el público se reía y era muy cómodo porque no chiflaban ni nada, el espacio era amplio y la tras escena también.”
Karina Cometa
10 años
No puedo decir que fue la peor función pero fue muy incomodo presentarnos con unos grados tan altos, a pesar de esto la obra salió muy bien y nadie se equivoco. Lo que mas me gustó de la función de Dagua fue que ese día todos íbamos en la chiva y en la oscuridad nos íbamos maquillando, a algunos se les corrió el labial y tenían pintados hasta los dientes”.
Sofía Alcaraz
12 años
“En cuanto a la presentación de la obra me sentí super bien pero el público no era el mejor, pues a mi parecer, no todos los chicos de un colegio están acostumbrados a ver teatro y por esto no hacen silencio o se burlan, gritan o simplemente no les interesa y están solamente para capar clase aunque habían chicos muy interesados sobre todo los que participaron en el taller dado antes de la obra”.
Sara Garavito
14 años
La conclusión a la que llegamos juntos fue que a los públicos hay que educarlos y tenemos la obligación de seguir haciéndolo en estos contextos. Es necesario que actividades como el circuito de teatro foro “jóvenes actuando derechos por la paz” se repitan con mayor frecuencia y así observar los cambios significativos en el público ya que fue evidente la diferencia actitudinal observada en los chicos y chicas que participaron del taller de sensibilización teatral.

domingo, 31 de enero de 2010

Lo dijo el poeta... Federico García Lorca

La poesía es algo que va por las calles. Que se mueve, que pasa a nuestro lado. Todas las cosas tienen su misterio, y la poesía es el misterio que tienen todas las cosas. Y el teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre.

El mundo está detenido ante el hambre que asola a los pueblos. Mientras haya desequilibrio económico, el mundo no piensa. Yo lo tengo visto. Van dos hombres por la orilla de un río. Uno es rico, otro es pobre. Uno lleva la barriga llena y el otro pone sucio el aire con sus bostezos. Y el rico dice: "¡Oh, que barca más linda se ve por el agua! Mire, mire usted el lirio que florece en la orilla." Y el pobre reza: "Tengo hambre. No veo nada. Tengo hambre, mucha hambre." Natural. El día que el hambre desaparezca va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la humanidad. Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría el día de la gran revolución.

Ese concepto del arte por el arte es una cosa que sería cruel si no fuera afortunadamente cursi. Ningún hombre verdadero cree ya en esa zarandaja del arte puro, arte por el arte mismo. En este momento dramático del mundo el artista debe llorar y reir con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas.